El desarrollo de las personas en las empresas sociales

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José Luis Ibáñez
septiembre 25, 2014
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Teniendo en cuenta la situación por la que atraviesan los mercados, las empresas necesitan más que nunca de tres factores: La innovación, una gestión eficiente y un equipo de personas líderes que impulsen el proyecto empresarial.

Es evidente que este tercer factor de las personas es el clave porque es el que ha de generar ese dinamismo que lleve al cambio y una cultura de gestión eficiente y responsable. Pero, todavía lo es más, para el caso de las empresas sociales, cuyo valor diferencial ha de sustentarse en sus personas y en su forma de gestionarse, que a su vez, como si de una retroalimentación se tratara, ha de tener en cuenta cómo crear una cultura de empresa que se enfoque en promover el desarrollo de sus integrantes. Cabría decir que la empresa tendría que ser también una escuela práctica de empresarios que fomente el espíritu emprendedor colaborativo y la economía colaborativa.

Lo deseable es que este grupo de personas que en su día quisieron hacer su propia empresa, o bien los nuevos emprendedores que van surgiendo, hubieran llegado tras una capacitación previa que incluso, como se empieza a plantear, empezara en la escuela. Esto rara vez se da, y es por ello que el crecimiento de las personas en una organización es algo que ha de tenerse muy en cuenta. Este es un planteamiento que ya se mencionó como uno de los puntos (el relativo a organización y políticas de empresa) de “La empresa social”.

Como planteábamos al inicio, para lograr este objetivo, en primer lugar es necesario crear una cultura de empresa enfocada al desarrollo de las personas. Para las empresas sociales, este desarrollo se fundamenta en dos pilares que redundan en que la persona esté integrada en un grupo y sienta a la empresa como propia:

  • La unidad de acción en torno a unos valores comunes (ideales). Hay que tratar de que las personas, sobre todo las que son socias, se identifiquen con el proyecto y con lo que defiende y representa hacia el entorno. Esto es lo que permitirá o, al menos ayudará, a vincularlas en el devenir de la empresa, con sus inevitables vaivenes e inestabilidades que a buen seguro surgirán, y a superar las discrepancias que como consecuencia de ello puedan darse.
  • La ilusión y motivación hacia la superación. Estas se logran con la participación (incluso societaria) y sintiendo la posibilidad de impulsar nuevos retos personales que puedan derivar en nuevos negocios para la empresa.

Una vez establecida esta política por parte de la empresa hace falta un método para trabajarlo que incluya procesos y evaluación. El desarrollo en torno a esos pilares va llevando a la adquisición de competencias emprendedoras y empresariales por parte de las personas. Todo ello, bajo la premisa de que, si bien hay personas con ciertas capacidades innatas, el emprendedor o el empresario fundamentalmente se hace.

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