Seguros de ayuda mutua

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German
octubre 11, 2014
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Los seguros tal y como los conocemos conviven con formas tradicionales de seguros basados en la ayuda mutua.

“Aquello es antiquísimo. Ya era socio mi padre y cuando me hice cargo de la casa del pueblo, me dijeron, oye, ¿tú quieres seguir siendo socio de esto? Yo no sabía ni que existía aquello. Me explicaron que si un día tienes un incendio el resto de socios te abonan y si no no tienes ningún gasto, la gestión es gratuita”. Así me explica mi padre un sistema de seguros cuyos estatutos datan del año 1.935 y que abarca su pueblo natal, Bercianos del Páramo, y otros cuatro pueblos próximos: Villar del Yermo, Zuares del Páramo, San Pedro de Bercianos y La Mata del Páramo, todos ellos en el Páramo leonés. Es una “Asociación de Socorros Mutuos Contra Incendios”, y es autogestionada por los propios socios. Se valoran las viviendas y en caso de incendio, cada socio aporta en función del valor de su propia casa, hasta alcanzar el valor total del edificio siniestrado. La Asociación no responde de los daños en los bienes que estén en el interior de éste (ropas, alhajas, grano, vasijas,…), sino exclusivamente por el valor del edificio.

Había también una asociación para las vacas, para el ganado, cuando se moría una vaca, si era aprovechable (por ejemplo había vacas que morían en el parto), si el veterinario decía que era comestible, repartían la carne entre todos los socios. Con arreglo a las vacas que tú tenías te correspondía pagar más o menos dinero (y recibir más o menos carne a cambio)” “¿Y si la carne no era aprovechable?”, pregunto. “De cualquier forma, los socios contribuían económicamente con el propietario del animal”.

El origen de las asociaciones de socorros mutuos está en el SXIX, y su objetivo era “auxiliarse mutuamente en sus desgracias, enfermedades, etc.” (Real Orden Circular de 28 de febrero de 1839). Se expanden entre las clases populares, tanto en el campo como en el mundo obrero, contabilizándose a principios del SXX unas 1.250 en toda España.

Hay que pensar lo que suponía entonces para una familia perder su vivienda o en caso de tener ganado perder el valor de una vaca. Parece más que razonable que personas que asumen el mismo riesgo se agrupen para diversificar ese riesgo. Son sistemas de seguros sencillos, un buen ejemplo de que no toda necesidad económica tiene por qué convertirse en un negocio, y una prueba de que la iniciativa colectiva y comunitaria puede ser en térmicos económicos, al menos en este caso, más eficiente que la iniciativa empresarial.

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