Los límites del Consumo Colaborativo en el cambio de modelo económico

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German
enero 26, 2015
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Están en los debates de los medios de comunicación, en las tertulias del café y de las sobremesas con la familia, pero ¿realmente son transformadoras las propuestas de empresas como BlaBlaCar, BNBAir y Uber?

 

En los últimos años se ha hecho cotidiano un nuevo concepto: el del Consumo Colaborativo, aquel en el que se comparte el consumo de un producto (trayectos de automóvil, conexión wifi, herramientas entre el vecindario, etc.) y en el cual el acceso al consumo prima sobre la propiedad, es decir, que podemos consumir un producto sin ser propietarios de él. Aunque parece una idea muy novedosa, realmente siempre ha estado presente en nuestro entorno con figuras como las bibliotecas públicas y en torno a los bienes comunes o procomún, es decir aquellos que son propiedad de la Sociedad y gestionados por ésta (tierras comunales en el ámbito rural o el conocimiento, muy de actualidad con el software libre o las wikis).El Consumo Colaborativo es evidente que está en auge y a menudo se valora como una gran alternativa económica al reducir el consumo (es mejor mover un coche que 4 al hacer el mismo trayecto) y facilitar el acceso a bienes y servicios a personas que de otra manera no podrían comprarlos.

 

Ahora bien, numerosas empresas (no todas!) están aprovechando este auge para comercializar servicios de intermediación de este tipo de consumo con una lógica mercantilista, de poner precio a todo aquello que tiene demanda, lejos de perseguir una transformación social y de tratar de alcanzar valores de Economía Social (primacía de las personas sobre el capital, democracia interna e igualdad, autogestión, responsabilidad con la Sociedad y el medio ambiente,…). Por contra, la propiedad de estas empresas no suele estar en manos de quienes trabajan en ellas, sino a menudo en las de grandes empresas que han adquirido “una idea” de negocio con grandes expectativas de crecimiento, con una baja necesidad de inversión (que a menudo no va más allá del diseño de una aplicación informática y una web), y un riesgo nulo. Hay que recordar que en empresas como BNBAir, el riesgo (por ejemplo por desperfectos) lo asume la persona que ofrece su casa, y el riesgo de que las condiciones de la vivienda sean muy inferiores a las anunciadas lo asume quien se aloja. Lo mismo sucede con otras como BlaBlaCar o Uber.

 

Por otra parte, el Consumo Colaborativo no contribuye a reducir las necesidades de consumo, si no que en algunas ocasiones fomenta el consumismo, como es el caso de las “tiendas gratis” en las que se comparte ropa en desuso, libros, muebles o electrodomésticos,… que no nos llevaríamos si tuviesen algún tipo de precio.

 

El Consumo Colaborativo tiene mucho de positivo y no siempre está gestionado por empresas intermediarias, pero si lo está seamos crític@s con el modelo económico que se promueve.

 consumo-colaborativo-cultura-solidaria-nueva-economia

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4 responses
  1. Muy bien explicado. La economía social siempre precisa de colaboración, sin embargo no todo lo colaborativo es economía social.

  2. Buen post!
    Sin embargo, no sé si estoy de acuerdo en todo lo que dices (o es que no lo he entendido bien).

    Es cierto que detrás de algunas propuestas de empresa de consumo colaborativo hay empresas que funcionan como intermediarias, pero ellas cobran (si es que lo hacen) por un servicio que te están ofreciendo o por el trabajo que hay detrás de esa propuesta.
    Es decir, plataformas como BlaBlaCar, BNBAir o Wikipedia tienen unos gastos de mantenimiento, actualizaciones, gestión… un trabajo realizado por personas que no tienen por qué hacerlo gratis.

    No sé si me explico o si estamos hablando de lo mismo.

    • Hola Arantxa, evidentemente el trabajo hay que cobrarlo, mi crítica no va por ahí, sino por el hecho de que el formato de estas empresas con una estructura tipo de empresa capitalista simplemente reproduce los valores de este sistema aprovechando el interés creciente por la economía solidaria. Voy a tratar de explicarme. A partir de una buena idea, basada en el consumo colaborativo, y de una pequeña inversión en una aplicación informática existen, al menos en potencia, unos ingresos exponencialmente muy superiores a esa inversión realizada, generando unos beneficios que no revierten en beneficio de l@s trabajadores/as, si no de las personas propietarias de la empresa, reproduciendo la acumulación de riqueza cada vez en menos manos, que es la esencia del capitalismo.
      Por otra parte, la lógica del sistema económico es que a mayor riesgo asumido por el/la inversor/a mayor es la rentabilidad, sin embargo en estos casos las relaciones funcionan al margen de la legislación mercantil y de consumo, de forma que el riesgo de incumplimiento o insatisfacción del intercambio recae íntegramente sobre las dos partes que hacen el intercambio, nunca sobre la empresa intermediaria. De esta manera, esta empresa a medida que aumenta el volumen de transacciones incrementa sus beneficios sin que su riesgo, ni apenas su inversión, sean mayores.

  3. Vale, ya entiendo lo que quieres decir. Sí, en eso estoy totalmente de acuerdo. Parte de los beneficios deberían ser empleados para mejorar, tratar mejor/premiar a los que prestan los servicios…
    Además, si el que gana los beneficios es el intermediario debería ser él quien responda legalmente ante las quejas o insatisfacción.

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