El Emprendedor de Responsabilidad Limitada

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francisco balado
marzo 23, 2015
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imagesUna de las incertidumbres, sino la mayor, que una persona tiene cuando decide emprender una actividad individualmente es, sin duda, la responsabilidad que se deriva del posible fracaso de su iniciativa. Y esto es así porque según la legislación española, las deudas generadas en tal actividad llevan aparejadas la obligación de responder con todo el patrimonio, presente y futuro (Código Civil art. 1911). La crisis que padecemos ha provocado que se comiencen a producir cambios también en este campo. Así, con el objetivo de limitar algunos supuestos de esta responsabilidad, la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización incluye, como novedad, la figura del “Emprendedor de Responsabilidad Limitada”-
¿En qué consiste?

Es una figura de carácter mercantil, que permite al emprendedor individual evitar, bajo determinadas condiciones, que la responsabilidad derivada de sus deudas empresariales o profesionales afecte a su vivienda habitual. Esta limitación impide es que pueda ser embargada por obligaciones personales que se deriven de su actividad empresarial, evitando por tanto que el fracaso de su iniciativa afecte a su núcleo esencial como estamos viendo ha pasado y pasa en demasiadas ocasiones.
La idea, en principio es buena pero, claro, el legislador español, tan acostumbrado a poner requisitos y “proteger” los derechos del acreedor, en esta ocasión impone una serie de condiciones para tener acceso a esta limitación de la responsabilidad que son, sintéticamente los siguientes:
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1. La vivienda habitual objeto de exclusión de responsabilidad no debe estar afecta a la actividad empresarial o profesional alguna, es decir, no debe ser un activo empresarial y por tanto ser ajena al devenir de aquella.
2. El valor de la vivienda habitual no puede superar los 300.000 euros.
3. El emprendedor debe inscribirse en el Registro Mercantil y, al hacerlo, debe indicar el bien inmueble, propio o común, que pretende desvincular de las obligaciones derivadas de la actividad desarrollada.
4. La no sujeción de la vivienda debe inscribirse, también, en el Registro de la Propiedad, en la hoja abierta a dicho bien.

Por tanto, dos requisitos inherentes a la propia actividad y al bien y dos formalidades que se inscriben en la referida intención proteccionista de los derechos del acreedor.
Si se cumplen estos requisitos, la vivienda habitual del empresario no podrá ser embargada por obligaciones personales que se deriven de su actividad empresarial o profesional, aunque quedan, en cualquier caso, fuera del alcance de esta medida las siguientes deudas:

1) Las deudas contraídas por el empresario con anterioridad a su inscripción en el Registro Mercantil como “Emprendedor de Responsabilidad Limitada”.
2) Las obligaciones no derivadas de la actividad profesional o empresarial que desarrolle la persona física propietaria de la vivienda.images (1) 3) Los créditos de derecho público, es decir, las deudas contraídas con la Administración, ya sean deudas con Hacienda, con Seguridad Social u otra Administración Pública competente aunque ésta sólo podrá desarrollar las actuaciones de cobro y ejecutar el embargo sobre la vivienda habitual cuando no se conozcan otros bienes del deudor con valoración conjunta suficiente susceptibles de realización inmediata en el procedimiento de apremio y entre la notificación de la primera diligencia de embargo del bien y la realización material del procedimiento de enajenación del mismo medie un plazo mínimo de dos años, lo que conlleva también la posibilidad de que el emprendedor pueda recuperarse en su actividad presente o en otra a desarrollar.
Desde el momento en el que el empresario adquiere la condición de “Emprendedor de Responsabilidad Limitada” debe hacer constar tal condición en toda su documentación, con expresión de los datos registrales o añadiendo a sus datos personales (nombre, apellidos y datos de identificación fiscal) las siglas “ERL”. Además, el Emprendedor de Responsabilidad Limitada deberá formular las cuentas anuales correspondientes a su actividad empresarial o profesional, debiendo depositarlas en el Registro Mercantil dentro de los seis meses siguientes el cierre del ejercicio social, como si fuese una sociedad mercantil. En caso de no depositarse las cuentas en el citado plazo, el emprendedor perderá el beneficio de la limitación de responsabilidad en relación con las deudas contraídas con posterioridad al fin de ese plazo.

En definitiva una buena iniciativa, limitada, formalista y garantista, como en general es, desde siempre, nuestro derecho mercantil, pero con la que se intuye un camino que debería explorarse en el futuro para desvincular la vida privada de la vida económica de las personas que tienen la “osadía” de emprender en los tiempos que corren.

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