Cooperativismo al pie de las fábricas globales

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German
julio 28, 2014
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La alternativa productiva que suponen las cooperativas de trabajo asociado frente a las grandes coporaciones de la moda se va abriendo paso en el gran mercado global

 

Desde hace años la ONG Setem realiza la campaña Ropa Limpia en la que denuncia y exije mejoras en las condiciones laborales de las personas que trabajan en el sector textil. De hecho, el sector textil es uno de los epicentros de dos procesos económicos globales hoy ya cotidianos: el de la deslocalización, por el que la mayor parte de las grandes empresas han pasado a realizar sy producción en países con escasa o nula legislación laboral y medioambiental, en buena medida derivado de la cultura del bajo coste y del usar y tirar, y el de la externalización, por el cual las empresas propietarias de las marcas se limitan a diseñar y publicitar “sus” productos, que son elaborados por fábricas subcontratadas en aquellos países. Esto es algo presente en la mayor parte de la actividad económica, dándose paradojas tales como que una serie tan norteamericana como los Simpson sea diseñada en EEUU pero producida en Korea del Sur. Como dice Ramonet, el ideal de la globalización es el de producir donde el coste del trabajo sea el más reducido y vender donde el nivel de vida es el más elevado.

Una de las respuestas a este escenario global, es el desarrollo del cooperativismo en los propios lugares que ven nacer dichos productos, como modelo más democrático y social de producción. Existen experiencias de empresas recuperadas o constitudas por los trabajadores que van desde Asia, con cooperativas de trabajo asociado tailandesas como Dignity Returns (dignityreturns.org) o Try Arm (tryarm.blogspot.com), a Latinoamérica, como el taller textil de la cooperativa “20 de diciembre” de Buenos Aires (laalameda.wordpress.com)

Estos trabajadores se enfrentan con la dificultad de  competir con los precios que ofrecen las empresas que fabrican en régimen de semiesclavitud, al igual que les resulta complicado acceder a la distribución y promoción de su propia ropa, eclipsada por la imagen y los canales de las grandes marcas. Igualmente se enfrentan con el reto de autogestionar la empresa, cuando su experiencia y formación hasta la puesta en marcha de su propia empresa colectiva, a menudo se ha limitado a las tareas de una cadena de producción. En cambio ofrecen la posibilidad de apoyar otro modelo de producción, con pequeñas empresas en el cual las prendas son fabricadas en condiciones laborales dignas, y donde el dinero generado se reparte entre las personas  que trabajan y que son a la vez propietarias del proyecto.

 

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