Apoyo al emprendimiento con trasfondo social

Asociación Finanzas Éticas Castilla y León gestiona varios fondos de emprendimiento para personas y entidades con difícil acceso a financiación tradicional

Una librería-cafetería especializada en temáticas vinculadas a ecologismo, feminismo o luchas sociales. Una empresa de tapicería y restauración que presta servicios desde un pueblo de la provincia. Un huerto ecológico que comercializa en venta directa y mercados locales verduras ecológicas de temporada. Una empresa que confecciona sacos térmicos personalizados para sillas de ruedas. Todas estas iniciativas se han beneficiado del programa de fondos para el emprendimiento social que desarrolla Asociación Finanzas Éticas Castilla y León en el ámbito de Valladolid, tanto en el entorno rural como en la ciudad, con la financiación del Ayuntamiento y la Diputación. Desde el año 2012 esta entidad ha otorgado ayudas reintegrables por importe de más de 780.000 euros, ayudando a la constitución y apoyo de 145 pequeñas empresas y autónomos. Desde este año 2022, la entidad también cuenta con un fondo propio, procedente de donaciones, para apoyar iniciativas en otras provincias de la Comunidad.

Dentro del sistema económico existen diferentes tipos de agentes que ofrecen financiación (entidades bancarias, entidades de créditos, plataformas de financiación colectiva, etc.), pero sigue existiendo un tipo de personas y de proyectos empresariales que quedan excluidos de todas estas herramientas de financiación, bien sea por sus características personales o por las características del proyecto que quieren emprender. “En ese espacio es donde nos situamos nosotros, en esa voluntad de acercar el crédito a esas personas y esos proyectos que tienen difícil acceso a la financiación tradicional y que no siempre tiene que ser necesariamente vinculada a la exclusión social extrema”, afirma Mª Victoria de Diego, la presidenta de la entidad.

¿Cómo funciona?

El fondo de emprendimiento social se nutre de una aportación inicial, de fondos públicos procedentes de administraciones o fondos privados (donaciones) que aportan personas colaboradoras. Mediante un proceso de selección acompañado de entidades sociales del entorno, se escogen las solicitudes que encajan con el perfil buscado (en el ámbito urbano más centrado en personas en riesgo de exclusión social, y en el ámbito rural perfiles y proyectos que impliquen asentamiento en el territorio). Tras un trabajo de apoyo al desarrollo del proyecto y una evaluación ético-social, las Comisiones de seguimiento deciden si se otorga o no la ayuda reintegrable, siempre por un importe máximo no superior a los 6.000 euros. A partir de su aprobación y la firma de las condiciones de reintegro (devolución en un período máximo de 3 años y medio, con seis meses de carencia inicial y sin ningún tipo de interés), se inicia un período de seguimiento y apoyo para hacer frente a las múltiples dificultades que pueden surgir en la puesta en marcha de cualquier empresa.

En la medida en que se realizan las devoluciones, el fondo sigue vivo, nutriéndose de las aportaciones que se van realizando por parte de aquellas personas inicialmente apoyadas. Ese fomento de la responsabilidad en la devolución supone también una motivación para las personas apoyadas. “El sentir que formas parte del fondo y que en la medida en que yo devuelva otras personas podrán beneficiarse, supone un incentivo y una responsabilidad”, afirma Manuela, una de las personas beneficiarias a la que esta ayuda le permitió la puesta en marcha de un estudio de fotografía. Con 58 años, una situación económica inestable y con varios hijos aún a su cargo su iniciativa emprendedora no tenía respaldo de una entidad financiera tradicional.

Herramienta innovadora con especial apoyo a la mujer

La herramienta de las ayudas reintegrables y la gestión de estos fondos de emprendimiento supone una opción innovadora en el campo del apoyo a la puesta en marcha de empresas y proyectos de autoempleo. Lejos del modelo presente en el imaginario emprendedor de apoyo a las start-up, las ayudas reintegrables pueden formar parte del ámbito de la acción social, en su faceta de oportunidad para personas vulnerables. Pero también suponen un impulso a la puesta en marcha de proyectos colectivos, cooperativos, dado que su concepción se enmarca dentro del ámbito de la economía social y solidaria.

Del total de las ayudas reintegrables otorgadas más e la mitad corresponden a mujeres, que han optado por la puesta en marcha de un negocio propio superando, en muchos casos, barreras de tipo personal derivadas de contextos emocionales complicados. “Las mujeres sufren en mayor medida la exclusión del mundo laboral. En muchos casos renunciaron a su trabajo y a una mayor formación para hacerse cargo de sus hijos. Las finanzas deben proporcionar herramientas que se adapten a las personas. Nuestro programa de ayudas reintegrables supone un ejemplo de cómo poner a las personas en el centro de la economía y, en este caso, feminizar las finanzas proporcionando una herramienta de apoyo para el empoderamiento de muchas mujeres, a través de su inserción laboral”, declara María Victoria de Diego.

La Asociación forma parte de varias redes nacionales con las que trabaja por el desarrollo de herramientas financieras para fortalecer la actividad de las empresas de economía social. Una de ellas en REFAS (Red de Finanzas Alternativas y Solidarias) quien el pasado año presentó el informe «Inclusión financiera de colectivos en exclusión social mediante el acceso al crédito», un estudio de impacto de experiencias que recoge el trabajo de las entidades de la red en aquellas provincias donde están presentes, incluida la Asociación Finanzas Éticas Castilla y León.

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